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Naomi Klein

Decir no no basta revela, entre otras cosas, que la desorientación que sentimos nos la han provocado deliberadamente. Que por todo el mundo, para generar una crisis tras otra, se están utilizando tácticas de shock diseñadas para forzar políticas que van a arruinar a la gente, el medio ambiente, la economía y nuestra seguridad. Que el extremismo no es un hecho aberrante, sino un cóctel tóxico de nuestros tiempos.

 
Reseña de Ana María Vara

¿Quién es Naomi Klein? One of a kind, podría decirse en inglés: un caso único. Mitad canadiense, mitad norteamericana, es activista y periodista, intelectual y política. Es, quizá, representante de una nueva generación de ciudadanos del mundo. Es, sin duda, emblema de un nuevo modo de hacer política, todavía en formación pero con algunos lineamientos definidos.
Con No logo (1999), su estudio sobre las nuevas formas del marketing, Klein ganó protagonismo internacional. Vallas y ventanas (2002) documentó su vinculación con los movimientos sociales antiglobalización en todo el mundo. En La doctrina del shock(2007) expuso una tesis que relaciona los estados de excepción con la imposición de medidas neoliberales (con ejemplos como el Chile de Pinochet y la China posTiananmen); y en Esto lo cambia todo (2014) responsabilizó al auge de la economía desregulada por la magra respuesta mundial frente al cambio climático.
Vale el camino recorrido para entender Decir no no basta. Contra las nuevas políticas del shock por el mundo que queremos. Su quinto libro no solo articula argumentos previos sino que también describe la situación de buena parte de la política mundial como profundización de tendencias que ella misma había señalado.
Donald Trump, el insólito nuevo presidente estadounidense, es el motivo de un volumen urgente. El programa del mandatario incluye todas las medidas que Klein viene denunciando y que contribuyeron a una situación de extrema desigualdad mundial: "La deconstrucción del Estado regulador; una ofensiva contra el Estado de bienestar y los servicios sociales (justificada en parte por un discurso belicoso que instiga el miedo racial y ataca a las mujeres por ejercer sus derechos); el desencadenamiento de una fiebre por los combustibles fósiles nacionales (que pasa por ignorar los estudios científicos sobre el clima y neutralizar gran parte de la burocracia gubernamental); y una guerra de civilizaciones contra los inmigrantes y el 'terrorismo islamista radical' (en un número creciente de escenarios, nacionales y extranjeros)".
Klein explica la consagración de Trump con dos de sus ideas centrales. Por un lado, encarna el triunfo final de la estrategia de la "marca global", siendo él mismo no un político ni un empresario, sino una marca. Hace tiempo que dejó los desarrollos inmobiliarios, su actividad inicial, para convertirse en licenciatario de su nombre en diversos productos: de edificios a corbatas. Como cualquier gran marca de zapatillas o de ropa, que se desliga de la producción vía deslocalización y se dedica a vender aspiraciones, sentido de pertenencia. Por eso no se le piden ideas, sino que siga siendo quien es: un millonario poderoso, un "ganador" en un mundo en blanco y negro.
Por otro lado, Klein muestra que Trump se vale de la doctrina de shock, apuntando al peligro de los inmigrantes, los fundamentalistas o Corea del Norte: no se trata de la magnitud de la amenaza, sino de la confusión que genera el mensaje de alarma. Como comenta Klein: "No entramos en estado de shock solo porque ocurra algo gordo y malo; además de gordo y malo, tiene que ser algo que todavía no entendamos". De este modo, "mucha gente se vuelve vulnerable a que figuras de autoridad nos digan que hemos de tener miedo unos de otros y renunciar a nuestros derechos en pro de un bien mayor".
Pero lo que se describe para Estados Unidos no queda ahí: no solo porque las políticas de ese país repercuten en el mundo sino también porque ilustran lo que está pasando en otras democracias centrales, incluyendo Francia y Reino Unido tras los atentados fundamentalistas.
Klein no llega a una propuesta cerrada, pero traza líneas importantes. La organización de base, la discusión amplia, la articulación de diversos sectores en torno a la figura de la "protección" de la naturaleza y de los más débiles. El epílogo es un manifiesto, "Dar el salto", con medidas concretas para mejorar la distribución del ingreso y cuidar el ambiente. "Una cosa está clara -concluye reveladoramente-. La escasez pública en tiempos de inusitada riqueza privada es una crisis fabricada, diseñada para apagar nuestros sueños antes de que nazcan".


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